5 octubre, 2017

 

INMEDIATAMENTE que el presidente de la mininación, Carles Puigdemont, abrió una página web indicando los mecanismos para ir a votar y  “sus embajadas” (hay que estar en la inopia para permitir que abran legaciones en el extranjero, teniendo pendiente el abono de los medicamentos a las farmacias), empezaron a moverse al objeto de que asistieran observadores internacionales para constatar que las cosas se hacían “com Déu mana”, justo en ese momento debería haber entrado en prisión por saltarse las leyes media docena de veces y hoy no tendríamos el embolic que estamos siendo testigos. No fue la única provocación, anteriormente existieron otras que habrían justificado la decisión.

El Estado ha sido débil porque sus partidos también lo son. El P.P. va lastrado; la corrupción es una sombra alargada y el PSOE sigue tan ambiguo como de costumbre; en Baleares es mas nacionalista que sus socios de Mes,  mientras en Andalucía rezuman un españolismo que haría las delicias de Hernán Cortés, y como el partido de Pedro Sánchez no sabe como solucionar el problema se dedica a ofrecer sofismas; cuestiones que parecen ciertas y son totalmente falsas: “Mariano Rajoy, no emplee el artículo 155 y dialogue”, manifiestan reiteradamente para que percibamos su aurea de gobernantes. ¿Con quién, de qué?, si las cabezas del movimiento separatista lo que pretenden es simplemente: TODO.

El responsable de la nación española les hizo caso y vean donde nos encontramos. Los alborotadores están mas crecidos que nunca y aparte de saltarse a la torera lo que piensa mas de la mitad de sus conciudadanos, se han pasado por hipotecas el deseo general de España. Carecemos del sentimiento de Estado y esto nos lleva a recordar lo que les dijo Josep Tarradellas cuando volvió del exilio, al rey Juan Carlos I y al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez: “No saben ustedes lo que han hecho con eso de implantar las autonomías”.

Desde aquel aciago día  en que ciertos políticos se encontraron con las ventajas que ofrecían los parlamentos autonómicos por su posibilidad de promulgar disposiciones, empezó a acrecentarse nuestro nivel de desorientación pues lo que deberían ser elementos culturales; las lenguas y los símbolos fueron transformados en vectores ideológicos, generando la desmembración entre las familias y la desigualdad de las comunidades. Mahatma Gandhi, pasó a la posterioridad por incentivar la unión del pueblo indio, ¿mas alguien se acuerda del nombre de la persona que generó centenares de miles de muertos por reclamar la separación de lo que hoy se conoce como Pakistan?.

Siendo Cataluña un pueblo grande dirigido por hombres pequeños, quizás el problema reside en que nos falta un líder de la categoría de Mahatma, alma grande en hindú.

 

 

 

 

 

 

Javier Macías
Autor
Javier Macías

Empresario

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