2 abril, 2018

Según la Real Academia Española, sinvergüenza es un dicho de una persona: “Que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades”.

De siempre se han destapado sinvergüenzas que se han dedicado a la política, que siguen dedicándose a la política, los unos roban directamente, otros disimulan un poco más o mejor dicho se lo trabajan más, pero se sirven de ocupar un cargo público para llenarse los bolsillos con el dinero de todos, siempre que pueden, Para llegar a ocupar un cargo público que les sirva para sus innobles fines, emplean diferentes medios, el más usado, o mejor dicho el más destapado los últimos años (desde Luis Roldán Ibáñez, un ex político que pertenecía al PSOE, conocido principalmente por ocupar a lo largo de su carrera política, entre otros cargos, el de director general de la Guardia Civil) es el de arrogarse una titulación que dé relumbre a sus tristes méritos, a sus pobres currículos y así convencer a sus partidos políticos que les coloquen en  las listas electorales en lugares preferentes. “Es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados”. Mark Twain.

Los hay en todos los partidos, que están en la mente de todos, los hay que dimiten cuando les descubren, otros se agarran al cargo con dientes y uñas a pesar de haber sido descubiertos y siempre usando el mismo argumento, que aparezca una titulación en su curriculum es un error involuntario y casi siempre realizado por algún ayudante suyo haciendo así buena la frase de Arturo Pérez-Reverte “El más eficaz aliado de los sinvergüenzas siempre fueron los enjambres de tontos que hacen el trabajo sucio. Que les facilitan el trabajo”. Que incluye tanto a los que les ayudan como a los que sabiéndolo, callan convirtiéndose en cómplices del sinvergüenza.

En los casos en que  aparece un nuevo caso de simulación, como es el del alto cargo del PSOE del Ayuntamiento de Palma quien, presuntamente, falseó su currículo para acceder al puesto, al momento salen a la palestra los representantes de los partidos en la oposición despotricando y pidiendo su dimisión a grito pelado, olvidándose, alguno de ellos, que no por más gritar tienen más razón y que más les valdría estar callados pues podrían avergonzarles, si tuviera un mínimo de vergüenza, de la que carecen.

Porque, como dice la siguiente reflexión anónima: “No hay cirugía plástica para la dignidad ni lipoescultura que elimine la vergüenza. No hay botox que esconda la deshonra ni marca de ropa que cubra el descaro. No hay doctorados o títulos que concedan honorabilidad cuando esta no está demostrada. Al final no hay cuenta de banco suficientemente grande que suplante la transparencia de la mirada y la honestidad de las palabras”.

Miquel Pascual Aguiló
Autor
Miquel Pascual Aguiló

Abogado y Arquitecto Técnico

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