Recobremos el sentido común

30 abril, 2018

Cuando se manifiesta un rechazo social en las calles ante la sentencia de un tribunal podemos presuponer que no se han encontrado leyes suficientes para dar con la justicia. Sin duda debe tratarse de un problema ético y social determinar qué es o qué no es violación, intimidación o violencia. Es posible, y es sólo mi opinión, que las respuestas no se encuentren en las leyes sino en las interpretaciones que se hacen de las mismas ¿debo gritar para que se pueda demostrar lo que es una violación?

Si cinco individuos te meten en un portal, te piden la cartera y se la das, se considera robo. Si cinco “machos” meten a un hombre en un portal, todos los encuestados dicen que se sentirían intimidados (incuso acojonados). Si eres mujer y te meten cinco sujetos en un portal, te piden sexo y se lo das no se puede considerar violación, ni intimidación. Hay quienes presuponen que si no te opones es porque ofrecerás tu cuerpo muy amablemente porque vale menos que tu cartera.

– Perdone, Señor juez, si no grito. Pero verá, mientras me penetran analmente me han metido otro miembro en la boca.

– Mire Señorita, es que se trata de “sexo en un ambiente de jolgorio”.

Me pregunto si opinaría igual el Señor Juez que exculpa a La Manada si se tratara de su hija, de su hermana o de su esposa, porque claro, ya se sabe lo que ocurre en los ambientes festivos. Aunque es posible que el Señor Juez se trague el final feliz de las películas pornográficas y de por normalizadas ciertas prácticas sexuales. Tendría más sentido para mí que la sentencia la hubiera dictado un joven que haya dado por buena la educación sexual que ve en los canales de YouTube que la del Señor Juez que ya pinta canas.

Me uno a las voces de miles de mujeres (y afortunadamente de muchos hombres) que se preguntan qué entienden algunos individuos por tener relaciones sexuales consensuadas. Cuando no quiera bajarme las bragas ¿qué me recomienda? ¿me dejo abusar o me dejo matar? Más aún, ¿tendré la oportunidad, si quiera, de ponerme a pensar en los pros y los contras de cada opción?

Ser mujer es aún un factor de riesgo en esta sociedad en la que vivimos, la de un sistema patriarcal digno de la Edad Media. No hace tanto que las mujeres tenían la obligación de satisfacer sexualmente a sus maridos ¿quién hablaba entonces de violación si hasta los curas les recordaban a nuestras abuelas sus obligaciones conyugales? Que no les apeteciera no importaba a nadie.

¿Qué tiene que cambiar para que podamos confiar en la justicia? No es tarea fácil, lo reconozco. Cuando en un tribunal tres magistrados emiten tres veredictos diferentes se pone en evidencia que estamos, como mínimo, ante tres realidades diferentes ¿cuál es la verdad verdadera? ¿puede haber justicia?

Como sucediera en la Antigua Grecia -la de los grandes pensadores y de la filosofía clásica- la imposibilidad de conocer la verdad llevó a sus ciudadanos a la indiferencia, al escepticismo, a la fatalidad, al estoicismo. En definitiva, a una crisis de valores. Por suerte, la sociedad española parece haber salido de la apatía y de sus casas para dar su opinión.

Habría que recordar que las leyes se articulan en función de lo que es bueno para la mayoría social, no para un grupo determinado. Ya lo decía Aristóteles, el problema del relativismo radica en el mal uso del lenguaje. Ni las instituciones ni las acciones pueden considerarse buenas o malas desde la imparcialidad, todo depende de su contexto cultural.

Por ello me pregunto en qué contexto social (y sexual) vive el Señor Juez que determina que fue “sexo en un contexto de jolgorio”. No porque vaya a juzgar sus prácticas sexuales, sino para que no juzgue las de una adolescente en un portal con cinco desconocidos dejando por escrito “aprecio en la víctima excitación sexual”. Señor Juez, lamento decirle que su nombre, apellidos y su sentencia no quedarán jamás en el anonimato.

La moral, así como el respeto, deben ser aplicados y consensuados por toda la sociedad a la que se pertenece, y parece ser que esta sociedad no está de acuerdo ni con la sentencia ni con la ética de algunos quienes dicen impartir justicia. Ahí es cuando nuestros políticos, representantes de la sociedad, deben demostrar que saben cuáles son sus funciones: escuchar a quienes representan y legislar por el bien de la mayoría social con el máximo sentido común.

Laura Sargantana
Autor
Laura Sargantana

Coach Certificada ACC ICF (Associate Certified Coach International Coach Federation): Profesional, Equipos y Liderazgo Sistémico. NLP Practitioner Coach (Programación Neuro Lingüística por la AUNLP)

3 respuestas

  1. Estoy completamente de acuerdo con Laura.
    Ahora bien, yo me he leído las 350 páginas de la Sentencia. Una y otra vez, se refieren al visionado de los videos que nadie ha visto a parte de los propios jueces. Tampoco quienes les critican.
    Convengamos que resulta importante, incluso decisivo. Describen que juntos estuvieron buscando un establecimiento hotelero; y ciertos juegos sexuales proactivos.
    Si en algún momento pudiese ver los videos y resultase que es sexo grupal, me reservo cambiar de opinión. Hoy estoy totalmente de acuerdo con Laura pero me reservo cambiar de opinión.

  2. Me sumo al derecho de poder cambiar de opinión. Es más, confieso que la mía es totalmente gratuita. Es una declaración de intenciones en toda regla y un aprovechamiento de la sentencia para manifestar mi disconformidad con nuestro comportamiento en sociedad y en algunas leyes que la sustentan.
    Sirva este caso, del que opinamos todos libremente, para reflexionar sobre el respeto, la justicia y nuestra propia moral.
    Un abrazo,
    Laura.

  3. Ser exitoso no deberia ser cuestion de suerte, implica estar listos en todo momento. El exito llega a aquellos que estan listos. No es una cuestion de inteligencia. En las escuelas, te ensenan a pensar pero esto no garantiza el sentido comun ni la habilidad para saber en todo momento lo que ocurre en el mundo para poder estar listos. Para ser exitosos, debemos tener sentido comun y esta capacidad de desenvolvernos en el mundo. Es la conciencia la que atrapa las oportunidades y no la inteligencia.

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