11 junio, 2018

Siendo bien cierto que el presidente Pedro Sánchez, ha descolocado a propios y extraños con la selección de sus ministros (no es necesario decir: “y ministras”, pues en el plural están implícitos ambos géneros) ya que no debemos negarles su  nivel de preparación, existen las lógicas reservas.

Para conseguir el apoyo de los independentistas, les vendió el concepto de que somos: “Una nación de naciones”, camelo con el que pretende horadar a las mentes que atesoran un cierto sentido común, pues está generalmente admitido que a la figura que recoge pueblos, provincias o regiones se la identifique como nación, pero en absoluto hemos dotado con idéntica potestad a una parte del ente que la califica.

Si el nuevo inquilino de la Moncloa tiene la visión de advertir que España es un país de centro y que respeta a todo aquel que le dota de un sentimiento de Estado, hay Sánchez para rato. No ocurrirá. Tenía que haber desenmascarado a los independentistas; a) Los promotores del movimiento soberanista nunca dejaron sus cargos a pesar de que prometieron lealtad a la Constitución (si fueran tan dignos, antes de montar el lío deberían haber dimitido) y b) Todas las actuaciones “del proces” las realizaron con el dinero del contribuyente, no con el propio. “Justicia si, pero no por mi casa”, dice el refranero español.

Mariano Rajoy, fue un hombre débil y lo ha pagado. Si la primera vez que algún presidente de las comunidades no acudió al desfile de la Hispanidad (día de la nación española)  “por problemas de agenda”, emite un decreto-ley señalando que la falta de respeto a la nación por parte de un responsable autonómico (lo hacen para que los suyos vean que no obedecen al gobierno central), conllevará la  eliminación del sueldo hasta finalizar la legislatura, se habría acabado el mundo de la tontería y tendríamos un Estado. El supremacista de Cataluña lo sabe y por eso quiere hablar:  “De govern a govern”.

El abuelo después de observar en televisión quienes habían apoyado la asunción al cargo del hoy presidente del gobierno y siendo receloso sobre la dignidad de ciertos hombres públicos, dijo a sus nietos: “Dos carreras y tres idiomas y después marcharos. España será el feudo de los políticos que sin pegar golpe vivirán de las mininaciones. Pasó en Yugoslavia y se repetirá aquí. “Las distancias insalvables” que ellos previamente habrán generado, exigirán 17 tarjetas sanitarias, 17 historias de España, 17 lenguas, 17 ministros para cada mininación, etc. Justo cuando se dividió por 17 el número de zonas que configuran el territorio español, en ese momento se iniciaba la irracionalidad”. Sentenció, mientras ofrecía un gesto de excepticismo sobre lo que estaba por venir.

Javier Macías
Autor
Javier Macías

Empresario

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