16 agosto, 2018

El sentido de la cercanía, hace que la actitud no adquiera toda la relevancia que la falta de bemoles provoca. Esta forma de mirar la cuestión ya fue enunciada por Lyndon B. Johnson, presidente en su día de los EEUU.

Al indicarle sus asesores que no tenía sentido apoyar a Anastasio Somoza, por aquel entonces primer mandatario de Nicaragua, ya que sus desmanes para quedarse con el dinero ajeno como la tendencia de eliminar sin complejos a sus adversarios, permitían calificarle como un auténtico hijo de p…., el dirigente norteamericano contestó: “En efecto, pero es nuestro hijo de p….”. Los españoles, producto de la desorientación que estamos sufriendo al identificar “a nuestra democracia” con la falta de respeto y pérdida de valores, nos ocurre prácticamente lo mismo.

Los epítetos y desconsideraciones que el señor Quim Torra, presidente de la Generalitat de Cataluña viene obsequiando al rey de España, a su vez Jefe del Estado (el hecho de no ofrecer una sala oficial para la entrega de los premios, Princesa de Girona, no tiene nombre), y lo que ocurre es que no pasa absolutamente nada, confirma que esa vocecita interior que aconseja a los políticos con perfil bajo: “Tu nada y guarda la ropa, para que el sueldo a final de mes no te falte”, existe. Que la vocecita haya extendido su admonición a las diferentes  autonomías, corrobora el guirigay que por tener el poder nos están brindando los gobernantes y su desleal oposición.

Estamos expectantes para juzgar el transcurrir del próximo viernes en Barcelona, con motivo del aniversario del atentado terrorista. Mucho nos tememos que ante el posible desafuero por parte de un soberanista al rey, el inquilino de la Moncloa en vez de ordenar detener al actor, manifieste: “Diálogo, hay que dialogar”. Y no se trata de cargar contra Pedro Sánchez, por ser del PSOE, recordemos que el señor Cristóbal Montoro en la figura de ministro de Hacienda del P.P., aguantó como un pasmarote un evento en la Generalitat, en cuyo salón habían tapado el cuadro que representaba a la familia real. Por lo que se ve esto de la cobardía, no tiene colores.

Ante la más mínima duda. ¿Alguien permitiría que le insultaran a su madre?. El Jefe del Estado es el padre y la madre de la nación y la inmediata es advertir a cualquier desaprensivo que se olvide de este hecho; ni en broma puede ser objeto de ofensa. El problema se suscita al carecer nuestros políticos del sentido de Estado,  ya que su ego está inmerso en el baño continuado que representa ser jefecillos de mininaciones, por lo que el deterioro institucional que rodea a nuestro primer representante es un hecho incontrovertible.

 

Javier Macías
Autor
Javier Macías

Empresario

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