6 septiembre, 2018

La revolución a la que estamos abocados como consecuencia de los imparables avances tecnológicos es algo a lo que no podemos sustraernos. Esos adelantos, sin embargo, de momento presentan serias grietas en el seno de una arquitectura social en constante cambio. Quizá ello se produce como consecuencia de la velocidad vertiginosa con la que se produce dicha evolución. La sociedad actual está sufriendo una evidente crisis de valores donde la prensa adquiere un fuerte protagonismo.

La facilidad que tenemos para el acceso a la información de todo tipo, en principio provechosa, ha creado problemas y servidumbres importantes que están ocasionando cambios importantes en los comportamientos de una población sobrepasada ante un bombardeo de noticias y opiniones cada vez más manipuladas.
La crisis que sufre la prensa en papel no ha encontrado la solución a sus problemas con el solo hecho de adaptarse a las nuevas tecnologías digitales. Eso es algo que le está pasando factura en lo referente a la calidad de los contenidos. La reducción de salarios y plantillas está provocando un éxodo de profesionales hacia los gabinetes de prensa de las instituciones públicas. Con cargo a todos los contribuyentes cada día proliferan más los departamentos de comunicación al servicio de quienes gobiernan, mientras las redacciones de los medios cuentan cada vez con menos profesionales con experiencia en sus plantillas. Ante esa situación, el resultado es previsible: una mayor manipulación de las informaciones en origen que se traslada a los receptores. Es decir, a las redacciones y en última instancia a la opinión pública. Es cierto que todavía quedan los comentarios editoriales y los artículos de opinión, pero ambos sucumben a la fuerza de páginas y más páginas de pseudo publirreportajes al servicio del político de turno.

En Baleares, como veremos, tenemos varios ejemplos muy gráficos con las instituciones y sus correspondientes gabinetes de prensa al servicio del mal denominado Pacte de Progrès.
Iago Negueruela es sin lugar a duda el conseller más eficaz del Gobierno Balear. Sobre todo, cuando se dedica a lo que conoce a la perfección, que son las inspecciones de trabajo. No es una casualidad que el PSIB-PSOE lo importara desde su Galicia natal para desarrollar esta importante y necesaria labor, quizá porque no encontró en las Islas a alguien con su capacidad. El buen hombre, sin embargo, últimamente viene cruzando líneas rojas para introducirse en materias que ni conoce ni son de su competencia. Para ello se dedica a la política y tiene asesores en materia de comunicación. Y la verdad es que la cosa le funciona.

Desde que aterrizó en la Consejería de Trabajo, todos los meses le venían organizando ruedas de prensa para que se apuntara el tanto sobre unas encuestas de crecimiento de empleo y disminución de paro tan favorables a Baleares como producto de una coyuntura muy favorable, pero que nada tenía que ver con su labor de gobierno ni con sus competencias. No insistiré en explicar la obviedad del porqué de nuestro crecimiento, al que tan poco o más bien nada ha contribuido el gobierno de Francina Armengol.

Negueruela, quizá no satisfecho con su medallero virtual, aceptó ir más allá, y tampoco le fue mal. El mismo día que El Mundo lanzaba un editorial cuyo título lo decía todo “Agosto negro del mercado laboral”, el conseller no se arredró. Baleares en agosto había sido una figura destacadísima al haber destruido más empleo que ninguna otra Comunidad, pero daba igual. Consiguió, en la misma edición del periódico, casi una página con el siguiente titular a cuatro columnas: “Todas las islas crean por primera vez más empleo que antes de la crisis”. El moderno milagro, similar al de los panes y los peces, lo consiguió comparando las cifras actuales con las de 2008 ¿Por qué? Quizá porque con las de 2007 no le salían los números. La crisis se hace visible en 2008, cuando gobernaba Francesc Antich. Por tanto, al hablar de “antes de la crisis”, tendría que haberse referido cuando menos a 2007. Obviamente no lo hizo.
Con el asunto de la posidonia, según el gobierno balear peligra su supervivencia debido a los fondeos de yates, ocurre otra descarada manipulación informativa. Es cierto que el notario Álvaro Delgado desmontó todos los argumentos a través de su brillante artículo “La pesadonia”, pero el daño ya estaba hecho. Durante casi cuatro años habían proliferado las informaciones en contra de los barcos de recreo para ocultar algo mucho peor que se ha venido manifestado durante este verano: la falta de mantenimiento de las desaladoras. Ello ha provocado multitud de vertidos de excrementos a la costa, cierre de playas y, esta vez sí, destrucción de posidonia en proporciones brutales. La reacción por parte del gobierno balear no se hizo esperar. En lugar de asumir sus responsabilidades por el atentado ecológico, el mensaje de quienes tienen la competencia, el conseller de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca, Viçens Vidal, y la directora de Recursos Hídricos, Joana Garau, fue señalar a los responsables del alcantarillado, por cierto militantes también del Pacto en el ayuntamiento de Palma.

Lo peor de la grosera manipulación de las informaciones, siendo grave, no es el hecho en sí, sino el pábulo que los los medios ofrecen a quienes los profieren.

Francisco Villalonga
Autor
Francisco Villalonga

Ex director regional del Banco Santander Negocios

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