9 febrero, 2018

Hollywood ha dado grandes películas sobre el periodismo, desde el Gran Carnaval a Spotlight. Sin embargo uno de sus mejores retratos fue el descrito por Billy Wilder en “Primera plana”, con Walter Matthau y Jack Lemon. Sensacional aquella sala de prensa de unos juzgados donde se reunían los reporteros de distintos periódicos para transmitir desde allí sus crónicas a sus redacciones. Justo al contrario de lo que sucede ahora en que los redactores se instalan cómodamente ante sus mesas y pantallas para que el jefe de prensa del organismo oportuno tenga la bondad de facilitar alguna noticia interesada a cambio de un permanente trato de favor.

La incursión temática de Steven Spielberg en “Los papeles del Pentágono” no supera la de Alan J. Pakula en “Todos los hombres del presidente”, protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman, que ponía de relieve los entresijos del Watergate, históricamente ocurrido justo después de la historia que ahora se eleva a la gran pantalla con los siempre seguros Tom Hanks, en el papel de Ben Bradley, director del Washington Post y Merryl Streep, como su dueña. Porque la película no va de las mentiras que los políticos de turno, tanto demócratas como republicanos, vertieron sobre la intervención de los Estados Unidos en Vietnam, ni siquiera sobre la filtración de aquellos archivos secretos a  periodistas comprometidos, sino de editores. Si, el creador de “La Lista de Schindler” o “El puente de los espías”, entre otras muchas, pone de relieve el papel y la responsabilidad de los editores de prensa, quizás corresponsables de la galopante corrupción del poder.

Katherine Graham es la heredera de un diario familiar que antes editaron su marido y su padre. Una empresa amenazada por sus malos resultados económicos y en manos de los banqueros que, con su salida a bolsa e inversiones, tienen en sus manos evitar el cierre del rotativo. Publicar o no esos “archivos” se convierte en un dilema entre la supervivencia empresarial y la responsabilidad social e informativa ante sus lectores en particular y el pueblo americano en general. Hoy cualquier editor, al menos en España, se colocaría junto al poder político y económico hurtando u ocultando la noticia comprometida, pues no en vano han pasado a depender voluntariamente de ambos. El film utiliza el ejemplo de Graham para advertir del error y extrapolarlo a la incurable crisis de la prensa actual. No debería caer en saco roto.

Alejandro Vidal
Autor
Alejandro Vidal

Ex director regional de Antena 3 Radio y TV, Radio Voz y Radio Marca, premio Deglané y Antena de Oro de la AERP, y Premi al Esperit Esportiu del CIM

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