6 marzo, 2018

La polémica política, social o demagógica sobre el uso de “portavozas” en una rueda de prensa por parte de la diputada Irene Montero ha reabierto el debate del lenguaje inclusivo. No puedo negar que todo debate en el que se hable de defender el derecho e igualdad de las mujeres me parece siempre interesante, pero esta vez creo que lo que aporta es luz sobre la ignorancia de nuestros políticos y, en consecuencia, de la sociedad en la que vivimos.

La mayor contribución ha sido que los periodistas y académicos hayan explicado a la analfabeta sociedad que el sustantivo “voz” es una palabra femenina y quien la porta puede ser él o ella. Muy bien, clase magistral que seguro habrá iluminado a muchos.

El debate del lenguaje inclusivo es un tren que ya pasó

En mi humilde opinión, el debate del lenguaje inclusivo es un tren que ya pasó, una confrontación obsoleta que no hace más que redundar en la estupidez humana y, para mi deshonra, también femenina. Porque ser feminista no significa imitar los modelos masculinos que damos por erróneos. Si es verdad que el lenguaje refleja nuestro modo de pensar, no se escapa que nuestro vocabulario es una demostración del modelo patriarcal y hegemónico del hombre. Pero querer incluir el género femenino sería redoblar nuestra idiotez porque así discriminamos a los demás géneros.

Porque sí, es verdad que las palabras no tienen sexo, pero tampoco debieran tener género.

La lucha por la igualdad sigue y seguirá de moda porque está lejos de alcanzarse, pero no podemos las mujeres -sobretodo las mujeres- equivocarnos en la exclusión de otros géneros.

Si ya nos parece un error seguir con el binomio hombre/mujer que genera desigualdades y la subordinación femenina, algo tendrán que decir los transexuales, los gais y lesbianas, los transgénero, los bisexuales, los travestis o los asexuales.

Porque hay que diferenciar estas cuatro cosas: el sexo biológico con el que nacemos, el género que se nos adjudica en función del sexo, nuestra orientación sexual y otra cosa muy diferente es la identidad con la que cada uno se identifique.

La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres se batalló en el siglo XX, pero en el siglo XXI este tren ya pasó, no porque no sea igual de importante, sino porque la contienda ya es de dimensión descomunal. Es la lucha por los derechos de las identidades. Por qué excluir a los que se sienten hombres habiendo nacido con vagina o los que se sienten a ratos hombre a ratos mujer o los que se sienten cómo les de la gana según amanezcan.

Es la lucha por los derechos de las identidades

Se trata del reconocimiento de la identidad como personas independientemente de nuestro sexo biológico, del género que se nos impone jurídicamente al nacer sin preguntar primero y nuestras tendencias sexuales. Acabemos de una vez con el binomio de género, reminiscencia del pasado. Hoy estamos a otra cosa: respetémonos como personas y no compliquemos el lenguaje en debates ideológicos y populistas.

No se trata de demonizar y destrozar nuestro lenguaje, sino de entender que la existencia de género se debe a la necesidad de clasificar y jerarquizar la realidad. Sin géneros no existiría la subordinación de la mujer al hombre. El lenguaje inclusivo no hace ningún favor a la guerra de sexos, más bien alimenta a la fiera porque nos hace perder la perspectiva y el objetivo: acabar con las desigualdades.

No digo que no. Cuando hablamos, el lenguaje condiciona nuestras acciones, incluso cuando queremos darle a cada palabra género femenino. Porque al utilizar el lenguaje como arma de la igualdad de género, seguimos excluyendo a los demás. Propongo cambiar primero nuestra forma de pensar y así después modificar nuestro lenguaje que nos conduzca a acciones de reconocimiento y tolerancia a la diversidad.

Como mujer no me siento tan agraviada por el lenguaje porque entiendo el género como una construcción social. Por lo que me siento realmente agraviada es por los actos y la estupidez humana de quienes nos representan que en lugar de instaurar un cierto orden social redundan en la ignorancia.

Laura Sargantana
Autor
Laura Sargantana

Coach Certificada ACC ICF (Associate Certified Coach International Coach Federation): Profesional, Equipos y Liderazgo Sistémico. NLP Practitioner Coach (Programación Neuro Lingüística por la AUNLP)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar