14 febrero, 2018

Estaba pensando en escribir, sin terminar de decidirme, un artículo sobre la actual portavoz parlamentaria en el Congreso de Diputados por Podemos, que forma parte de un gran grupo de políticos que no saben qué hacer para llamar la atención de los medios y que se ha autoproclamada «portavoza» de Unidos Podemos, ¡anda! Y ¿porque no lo cambia por Unidos y Unidas Podemos/as?.

Es la última, de momento, pero no la primera, que repatea, para entendernos que le da una coz en la entrepierna a la Gramática para feminizar palabras que no tienen sexo, que sí género y que lejos de rectificar ha insistido en la conveniencia de llevar la gramática y el lenguaje a una nueva dimensión, (¡a la dimensión de los hermanos Marx será!) tan solemne ella como hilarante para casi todo el resto del mundo. Y es que, la tal señora portavoza es tan corta, de una incultura tan desesperante, de una puerilidad tan sonrojante, de una estupidez tan supina, y además clasista que ha confundido que la lengua sea algo vivo, en constante transformación, en constante evolución con feminizar el lenguaje poniendo  obligatoriamente una «a» en cualquier sitio, tenga sentido o no.

Lo que me ha decidido a escribir ha sido leer en Facebook a una amiga mía madrileña, periodista, feminista, socialista y de izquierdas donde las haya, milite en el partido que milite, que escribió, en relación a este tema: “Portavoz significa el/la que «porta la voz». Voz ya es en sí misma una palabra femenina. Hay que feminizar el lenguaje sin cometer barbaridades”. A continuación leí una contestación de otra mujer que decía: “Desvirtuar nuestro lenguaje es una atrocidad. No creo que feminice la mente de nadie esa aberración, más por el contrario  suscita  cabreo. La izquierda debería preocuparse por lo importante que es cerrar el paso a este capitalismo salvaje que está acabando con el país y la dignidad de las personas”.

Fue la puntilla que me decidió unir mi voz, cada uno a su manera, a los que defienden que se  ha  pasado tres pueblos.

Contrariamente a lo que pregona la autoproclamada miembra portavoza no es positivo que personas sin los mínimos conocimientos gramaticales se dediquen a pontificar, como hace ella, sobre algo tan importante como es el lenguaje, sino más bien es negativo.

Las palabras tienen género, que no sexo. Ciclista, electricista o astronauta pueden ser hombre y mujer, más allá de que su terminación sea masculina o femenina. Es el determinante el o la y/o el adjetivo si lo lleva (el astronauta español/la astronauta española) el que  aclara a quién va referido, pero la evidencia no ha sido nunca suficiente para que algunas políticas fuercen el lenguaje para  hacer notar que además de cobrar un sueldo público que no se merecen, trabajan para la comunidad. Se puede dar visibilidad a las mujeres de muchas formas, de muchas maneras, pero la que usa esta miembra es absolutamente negativa, solo logra adhesiones inquebrantables de los que son como ella, en cambio logra el rechazo del resto del personal.

No es que se haya equivocado semántica y sintácticamente, eso lo hacen todos, políticos, académicos, profesores, en fin todos,  cuando uno mete la pata, la saca de la manera más discreta posible y no pasa nada; pero es que ella además, cuando le han llamado la atención, en su tozudez, en su intransigencia, en su ignorancia, en su torpeza no se le ha ocurrido nada más que decir que la RAE está equivocada o que es machista y que debería cambiar. Es ahí cuando de verdad demuestra su parquedad, su insuficiencia, su  escasez y su cortedad mental y su memez, y  no solo cuando se equivoca en la palabra que utiliza.

¡Ah!, y que conste que cambiar el discurso por “y tú más” tampoco supone dominar el arte de la oratoria.

Que una tipa, individua, elementa, fulana, prójima, socia, miembra que se empoderó después de pasar por la cama del macho cabrío, ¿o era el macho alfa? de su grupo dé lecciones de empoderamiento de las mujeres, como mínimo es de una sinvergonzonería sin paliativos y sin mesura, y mucho más si uno se acuerda que no ha salido de su boca una sola crítica a los comentarios machistas de su miembro cabrío.

Ahí le dejo a la tal portavoza una serie de palabras para que vaya ensayando un lenguaje de verdad inclusivo: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el trompetisto, el ciclisto, el electricisto, el violinisto, el maquinisto, el oculisto, el policío y, sobre todo, ¡el machisto!. ¡A ver si eres capaz de acordarte!.

Porque como dijo el sabio: Hay dos cosas infinitas, a saber,  la  primera  el universo, la segunda la estupidez humana. No falla.

 

MIQUEL PASCUAL AGUILÓ

 

Miquel Pascual Aguiló
Autor
Miquel Pascual Aguiló

Abogado y Arquitecto Técnico

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