16 marzo, 2018

Al emir de Catar, el jeque Hamad bin Jalifa al Thani, uno de los hombres más ricos del mundo, no le gusta el fútbol, pese a que está liando una buena con el Mundial-2022. Al emir de Catar solo le conmueven y emocionan las carreras de camellos. Y, una vez al año, convoca, a 20 kilómetros de Doha, en un camellódromo con dos pistas ovales de seis y ocho kilómetros, a los 8.500 camellos más veloces del mundo.

         Durante dos semanas se realizan cientos de eliminatorias diarias y, justo la pasada semana, él mismo premió a los finalistas con su asistencia y al ganador con 250.000 euros, una inmensa espada de oro y brillantes y un Bentley Continental valorado en otros 250.000 euros. El ganador de este año se llama Dwaq (Luz).

         La competición es una locura, pues el desierto se puebla con miles de camellos, llevados por beduinos procedentes de los siete Emiratos Árabes (Arabia Saudí, Bahréin, Catar, Omán, Kuwait, Ras Al Jaima y Dubai) y Marruecos. Los camellos van acompañados de sus madres, pues de lo contrario ni se mueven ni corren.

         Como siempre, el emir acabó indultando a uno de los camellos, pagando por él un millón de euros e incorporándolo a su cuadra personal, cuyos miembros desempeñan las funciones que cualquier perro desempeñaría en casa. Cada día a las doce, si usted se acerca a los inmensos jardines del palacio del emir, en Doha, verá como salen a pasear una veintena de camellos regordetes, incapaces de ganar ya ni media carrera, fruto de decenas de indultos. Se ganaron el recreo siendo campeones.

         El camellódromo es impresionante. Se trata de una extensión inmensa. El desierto, ya saben. Y, no solo de dos pistas ovales de seis y ocho kilómetros cada una, rodeadas de otras pistas ovales de asfalto, por las que circulan propietarios y entrenadores, chocando sus inmensos Toyotas Land Cruiser, a toda pastilla, en otras dos carreras suicidas, todo por ver o manejar a sus camellos.

         La tradición milenaria ha ido evolucionando. Hasta que el emir de Catar, por problemas a la hora de proyectar su imagen de modernidad en el exterior, decidió prohibir, en el 2004, que los camellos fuesen montados por niños, la tradición era que unos renacuajos cumpliesen la función de jinetes.

         La sustitución de niños por minirobots, equipados con altavoz y dos levas que hacen la función de manitas para sujetar las riendas y la fusta, no fue fácil de aplicar, ya que el animal se negaba a obedecer y tan pronto corría hacia delante como hacia atrás. La razón, sospechan los expertos, es que el animal sabía que no lo montaba un humano. El truco para convencerle fue espolvorear sobre el robot el perfume que usan las personas. Así fue como el camello empezó a obedecer a su jinete.

         La presencia del robot hizo que las carreras, que son retransmitidas en directo por TV para una audiencia de 35 millones de personas en los Emiratos Árabes Unidos, a cargo de la productora catalana Sobatech Group, fuesen muy, muy, sofisticadas. De forma y manera que los camellos llevan incluso transponder para conocer su velocidad, así como sensores, idénticos a las motos de MotoGP, para chequear su estado de salud, el ritmo de su corazón y así saber «cuánto camello le queda al entrenador para poder exprimirlo», relata Jon Ander, productor de la señal de TV.

         «Una cosa que aún no hemos logrado pero que no pararemos hasta conseguir», explica Xavier Soler, director del despliegue televisivo (25 cámaras en cada circuito y un helicóptero teledirigido), «es colocar una cámara dentro del todoterreno del entrenador. Sería espectacular ver cómo le anima y da órdenes a través del walkie-talkie que lleva el robot y comprobar que, cuando se acerca la recta final, acciona, con un mando a distancia idéntico al de los párkings, la fusta del autómata para que espolee al animal».

         Dicen que estas carreras son cuestión de honor. Y también se sospecha que hay apuestas secretas. Lo que sí se sabe es que hay jeques que hacen estrategia en carrera con varios ejemplares suyos e, incluso, que más de uno utiliza un camello liebre para lanzar a su favorito y despistar a los rivales.

Emilio Pérez de Rozas
Autor
Emilio Pérez de Rozas

Periodista. Subdirector de El Periódico de Catalunya. Colaborador de la Cadena COPE

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