Después del día 8 llegó el nueve

14 marzo, 2018

Después del día 8 llegó el nueve, y ya vamos por el catorce de marzo. Y así un día tras otro en el que San Google nos recuerda que cada día del año tenemos una buena causa por la que manifestarnos. Se guarda un lacito para sacar otro. Ayer el morado, hoy el amarillo, mañana el rosa. Y así durante los 365 días y vuelta a empezar, si es que vamos a recordar con un pececito a Gabriel. Además, las redes sociales están llenas de gente ociosa vigilando cuántas horas llevas el lazo o dejas la banderita en tu foto de perfil para saltarte a la yugular en cualquier momento.

Pero ocurre que cada uno es libre de manifestarse y defender su corral, y si yo puedo escoger, elijo poner mi minúsculo grano de arena por las mujeres y por aquellas situaciones de desigualdad, de derechos. Puntualizo, para evitar confusiones, igualdad de derechos, no vaya a ser que me vuelvan a preguntar si quiero tener el mismo derecho a comportarme como un hombre.

Porque no, no es ésta una lucha contra los hombres, visto que más de uno se ha sentido excluido de la manifestación del día 8. Todo el mundo es libre de salir a la calle y de hacer públicas sus posiciones, ideas o pensamientos. Todos ellos pueden ser feministas todos los días del año si quieren.

En mi opinión, el día 8 no consiguió que nada cambiara al día siguiente, aunque tengo la certeza de que abrió los ojos a muchos hombres y a muchas mujeres que no se habían planteado muchas de las cuestiones que se debatieron en las tertulias y en las calles españolas.

Pero sí creo firmemente que algún día, por lejano que sea, servirá de ejemplo -esta y muchas otras manifestaciones- para países que están hoy a años luz de la favorecedora situación de la mujer española como es el caso del lugar donde resido, República Dominicana.

Sin embargo, me quedo con la sensación agridulce de pertenecer a una sociedad hipócrita a pesar del éxito de la movilización del Día de la Mujer. La sociedad no puede esperar a que las leyes impongan la igualdad. Ya nos ampara a las mujeres españolas nuestra propia Constitución. Incluso las leyes de Igualdad y Violencia de Género, a pesar de que hay quienes acusan la discriminación positiva de esta última.

Bien, a mí tampoco me gusta la discriminación positiva ni las cuotas femeninas a las que me opongo radicalmente porque me parecen un insulto a la inteligencia y capacidad de las mujeres. Aunque me pregunto porqué nadie se quejó antes de la discriminación positiva masculina que tiene más años que el fuego.

Las leyes ya nos consideran iguales a las mujeres, pero la sociedad no. Porque en el día a día palpo, huelo, respiro y me toca con sus manazas de Torrente la discriminación por haber nacido mujer y presuponer que soy el segundo sexo cuando conduzco, cuando salgo a la calle, cuando hago una entrevista de trabajo o leo en las redes sociales chistes tipo “Accidentalmente dije ¡Hola! a una feminista. El juicio empieza el viernes”.

Y no sólo eso, no hay día que no vea cómo arrugan la nariz aún hoy muchas mujeres defensoras del modelo patriarcal, lo cual no sé si me duele más.

La realidad es que si dices que eres feminista en el 2018 aún te siguen atacando, ridiculizando y tienes que explicar, otra vez, que ser feminista no es odiar a los hombres. No va contra ellos, sino del derecho fundamental de no discriminar a nadie por su género, como tampoco por su raza, edad o religión. Se trata de un derecho que nos pertenece al igual que nos pertenece el derecho a estar y participar en el mundo en las mismas condiciones y derechos -sí derechos- que los hombres.

No, la guerra no es contra los hombres, al menos no la mía. Si acaso contra el el macho ibérico, que no caballero, como puntualiza Rubén Amón.

Esto va de no ser hipócritas, no de cuotas.

Va sobre un cambio de pensamiento, no de si quitarse o no el lacito morado a las 24h.

Va de valorar a los mejores candidatos, no sobre si poner a la mujer con las tetas más grandes.

No va sobre privilegios para las mujeres, va sobre justicia y sentido común.

Ni siquiera va sobre la maternidad, como si se pudiera exigir la igualdad a la hora de parir.

Va de entender la maternidad como un beneficio para la humanidad, no sobre la necesidad de recordar “yo salí de tu costilla, tú saliste de mi coño”.

Va sobre la libertad de poder elegir sobre nuestra sexualidad y de que no nos llamen frígidas si no nos queremos acostar con alguien.

Empecemos a comportarnos todos como feministas todos los días, no esperemos al 8 de marzo del año que viene.

Ser y actuar como feminista, en realidad, no caduca.

 

Laura Sargantana
Autor
Laura Sargantana

Coach Certificada ACC ICF (Associate Certified Coach International Coach Federation): Profesional, Equipos y Liderazgo Sistémico. NLP Practitioner Coach (Programación Neuro Lingüística por la AUNLP)

4 respuestas

  1. Suscribo cada una de tus palabras, querida Laura, a ver si te conozco en persona, que falta hace hablar con gente que tenga 2 dedos de frente y algo de sentido común.

    • Gracias Mayte, igual entre las dos despertamos la curiosidad de quienes siguen estigmatizando el feminismo como si estuviéramos aún ¡en la Edad Media!
      Un abrazo,
      Laura.

  2. Hola Laura. Lo que sucede es que tu escrito es feminista pero hecho con coherencia y sensatez, tal y como eres tú, coherente y sensata.
    De esas palabras tan precisas y tan bien expuestas por ti (como siempre) pues es fácil y muy claro entender que hay una forma real de entender lo que es el original feminismo. Pero… lamentablemente ahora, y lo vemos a diario, el feminismo ha dado, por parte de algunas mujeres y algunos colectivos muy intolerantes, un giro sustancial hacia el radicalismo y al odio al hombre y a la constante animadversión de todo lo masculino.
    Y esa confrontación encarnizada contra el hombre por parte de unas mal llamadas feministas y que claramente ni saben cual es la noble finalidad del feminismo sólo está creando distanciamiento y mucho malestar entre los hombres. Y no debería ser así. Yo pienso que en este barco de los derechos e igualdades vamos todos montados, mujeres y hombres, y como tales deberíamos remar en la misma dirección y con el mismo sentido y los mismos objetivos, y no dándonos remazos unos a otros, que así ese barco se nos hundirá sin remedio y lo que es peor, sin soluciones.
    Un gran abrazo.

    P.D.: Por cierto, lo de los lacitos es igual de efectivo y sirve para tanto como cuando ponemos velitas y cantamos el “Imagine” de Lenon contra los actos terroristas. No veas lo que eso les asusta. Ya.

    • Lo cierto es que el “mal llamado feminismo” en realidad no es feminismo, sería más bien “hembrismo”, lo cual es diferente.
      El feminismo no es cosa de mujeres sino, como bien dices, cosas de todos.
      En mi opinión se trata de aclarar qué debemos entender por feminismo y no confundirlo con cualquier otra manifestación que no vaya más allá de la igualdad de derechos y oportunidades.
      No es tarea fácil, pues el feminismo puede definirse desde el marco teórico, desde el plano de la acción en forma de movimiento o como ideología política. Incluso tener en cuenta que los motivos por los cuales hubo una primera ola de feministas poco tiene que ver con esta cuarta.
      En definitiva, sería interesante despertar el interés social por saber de qué hablamos cuando nos referimos a feminismo porque ya se nos va haciendo tarde a todos.

      Un abrazo y muchas gracias por compartir.
      Laura.

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