De espaldas al pueblo, de cara a los votantes

23 febrero, 2019

No hay ningún partido político que atienda las preocupaciones de las personas y de ahí  las dudas de los votantes que no encuentran en sus programas la menor propuesta de solución a los problemas más perentorios y cotidianos.

Pese a vivir en un régimen de monarquía parlamentaria, la práctica indica que lo hacemos dominados por una verdadera  “ partitocracia” ajena al Pueblo. En aras de complacer solamente a los electores de cada facción, se acometen acciones como la exhumación de Franco,  cuyo osario no preocupa ni interesa a casi nadie, sin otro rédito que aventar las cenizas de un franquismo momificado.

El socialismo no evoluciona con los tiempos. Instaurada la sanidad pública, se muestra incapaz de reducir las listas de espera y mejorar la atención médica y hospitalaria. La enseñanza pública, otro de sus grandes ejes, cercena el derecho de los padres a seleccionar, sino elegir, la educación de sus hijos, de la que, por otra parte, muchos abdican. Y las mejoras sociales que pregona, sobrevuelan cual éter repercusiones tangibles.

La derecha apela a su gestión económica que, si bien mejora los grandes números, nunca se traduce en un incremento en la calidad de vida de las familias, ni los individuos. Excluidos quedan los extremos, sin que el centro logre sacarnos de su propia indefinición.

En el Parlamento no se habla de seguridad en las calles, de justicia razonablemente rápida, firme e igualitaria, del por qué los impuestos sobre la energía eléctrica suben más que su consumo o qué inspira la necesidad de mantener cinco administraciones con su desproporcionado número de diputados, senadores y consejeros, del abuso de los bancos, que no frenan sus dudosas cuentas, ni de las cargas imputadas a sucesiones, transmisiones patrimoniales, plus valías u operaciones de compraventa, así como el precio y alquiler de la vivienda, inasumibles para rentas medias.

La doctrina, como la del catecismo, está muy clara, pero su aplicación es harina de otro costal.  Preferiríamos una ley educativa consensuada no transformada en cada periodo legislativo y dirigida a una adecuada formación cultural y humana adaptada a nuestros tiempos y garante de comportamientos racionales, cívicos, antiviolentos e igualitarios. Y hablando de igualdad, cargos en función de conocimientos y no del género.

Tal vez una España unida y utópica.

Alejandro Vidal
Autor
Alejandro Vidal

Ex director regional de Antena 3 Radio y TV, Radio Voz y Radio Marca, premio Deglané y Antena de Oro de la AERP, y Premi al Esperit Esportiu del CIM

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