“De cerdo y de señor se debe venir de casta”.

16 diciembre, 2017

La noticia de que El Pacte en el Parlament tenía en peligro la aprobación de los presupuestos del año 2018 porque un importante sector de los econacionalistas de Més amenazaba con reventar los presupuestos que se votan la próxima semana si para la fecha Busquets no es vicepresidenta, después de vetarse interiormente a la consellera Fina Santiago e imponerse en la cúpula de Més la propuesta de Bel Busquets para relevar a Biel Barceló en la vicepresidencia y en la conselleria de Turismo.

Me planteé porqué para Més, tan pulcros, tan intocables, tan puros ellos, eran más importantes para aprobar un presupuesto público sus intereses partidistas que los legítimos intereses de los ciudadanos a cuyo servicio y bienestar se supone que están los diputados y el presupuesto que aprueben.

Y me acordé del dicho: “De cerdo y de señor se debe venir de casta”. Que significa que los nacidos o criados en un ambiente de vulgaridad (acción o expresión que carece de novedad, originalidad o importancia.), no es  frecuente que salgan obras de generosidad (que es el hábito de dar o compartir con los demás), No hay que escandalizarse. No es un insulto a los políticos. Y del cerdo me gustan hasta los andares. El tema es de fondo, no de calificativos.

A juzgar por los hechos que protagonizan, los políticos que nos gobiernan  son  cada vez más iguales, más corruptos, militen en el partido que militen y se definan como de izquierdas o de derechas, de centro o de extrema derecha, nacionalistas o comunistas o de la incomprensible y vacía definición de transversales.

En la famosa sátira de George Orwell, Rebelión en la Granja, los animales echan al déspota granjero, y redactan siete mandamientos que esperan regirá su idílica convivencia y su feliz existencia durante el resto de sus días. La cosa se tuerce cuando los cerdos toman el control de la granja, que a partir del primer momento regentan con mano de hierro. Por último, acuñan un único mandamiento hoy por todos  conocido: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

La novela “Animal farm” continúa dando muchas enseñanzas realmente impresionantes, La granja animal o la rebelión animal en español, escrita, como he dicho, por el británico George Orwell, publicada en 1945, es una fábula mordaz sobre cómo el régimen soviético de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili,​ más conocido como Iósif Stalin,​ corrompe el socialismo. Para los que no han leído la novela, en resumen, es una crítica a la Unión Soviética, representada por una historia bien peculiar de una granja de animales. Es importante aclarar que Orwell era socialista.

El granjero, el Sr. Jones, es expulsado de la finca por una rebelión liderada por los cerdos. Cada animal representa un ente diferente en la sociedad, como por ejemplo el caballo, que representa a la clase trabajadora.

En resumen, el libro representa la expulsión de la “oligarquía” en el poder (Sistema de gobierno en la que el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada), sistema que le encantaría ocupar a muchos de los políticos que nos gobiernan, para llegar a la dictadura del proletariado. Al inicio los animales, incluso hacen una lista de mandamientos donde resalta “todos los animales son iguales”, así como la prohibición de otros aspectos de la oligarquía, que tanto detestaban y juraban nunca imitar.

A medida que va pasando el tiempo en la granja, la situación política va cambiando. Especialmente cómo los líderes, los cerdos, van asumiendo unos cuantos “vicios” de la antigua oligarquía. Lo interesante de todo es que a los animales de la granja, a la mayoría, se les olvidan los acuerdos iniciales y comienzan a verlo como algo natural y que los cerdos tienen la razón. Aquellos animales que sí recuerdan los acuerdos iniciales no dicen nada, callan, ignoran y se acomodan.

El proletariado, el caballo, es traicionado incluso hasta la muerte y pocos se acuerdan de él y sus sacrificios. De repente, para sorpresa de todos, granjeros vecinos comienzan a hacer negocios con la granja, o más bien, con los cerdos. Eventualmente los cerdos comienzan incluso a caminar como granjeros, a beber como el Sr. Jones, a tratar a los demás como el Sr. Jones. De repente, todos los mandamientos iniciales prometidos, por los que supuestamente lucharon y destruyeron la situación política anterior, ya no son los mismos, de repente sólo hay uno: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

Llega un momento en que los cerdos se convierten en los nuevos granjeros, es difícil incluso distinguir entre un granjero y un cerdo. Tienen completas relaciones y amistades con los otros granjeros.

Hoy se ven a los cerdos en los mismos restaurantes que los granjeros, con los mismos trajes, con los mismos viajes de turismo, incluso con mejores coches y chalets.

Termino aclarando que cualquier similitud con nuestro País no es pura coincidencia; y añado, a quién le pique, que se rasque.

MIQUEL PASCUAL AGUILÓ

 

 

Miquel Pascual Aguiló
Autor
Miquel Pascual Aguiló

Abogado y Arquitecto Técnico

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