Cuando estaba de moda odiar el deporte

9 junio, 2018

Tengo un amigo periodista, muy amigo, Odón Martí, que empezó conmigo en el Mundial de motociclismo de los años 70 y 80 y que, ahora, es uno de esos gurús fantásticos que te ayudan a ser alguien en las redes sociales.

No, no, Odón no es de esos que ha inventado la luz y, al día siguiente, la rueda, ¡ni hablar! Tú acudes a él (imatcom.net), le cuentas quien eres, de qué vives, qué necesitas o quieres lograr posicionándote en las redes sociales y él, simplemente, te aconseja lo mejor para que desarrolles tus ideas. Que si una web, que si un blog, que si twitter, que si instagram, que si facebook…qué se yo, todo eso de lo que saben los que saben.

Y Odón, que, como yo, sigue amando más el papel, los diarios, las revistas, los temas tratados a fondo, las historias humanas duras o hermosas, es de los que dice que hay que ir con mucho cuidado con las redes y, sobre todo, con el arrebato que te entra con un móvil en las manos.

Tal vez por ello, yo sigo desayunando con él semanalmente (debería hacerlo más de lo que lo hago), pero aún no me he puesto en sus manos porque odio todo lo relacionado con las redes sociales. Y mis problemas me ha causado, pues las gentes que mandan en El Periódico de Catalunya siguen pensando que debería tener twitter para interaccionar (o como se diga eso, igual es interactuar ¡qué sé yo!) con los lectores y demás. Pues no, paso de que me insultes.

Cuento todo esto porque, de un tiempo a esta parte, hay demasiada gente que está ‘muriendo’ (retratándose, como diría mi padre) por lo que escribió en su tiempo. Y, la verdad, me parece bien. Ellos (y no me refiero al nuevo ministro de Deportes, que también, también) dicen que todo el mundo tiene derecho a evolucionar y que, puede, que lo que pienses (y escribas) a los 18 años no es lo mismo que lo que piensas (y escribes) a los 40. Vaya, por esa regla de tres, todo el mundo podría pasarse la vida escribiendo disparates e insultando a la gente, que todo dios debería perdonarles.

Perdón, si a ti no te gusta el Deporte, es más, si lo odias, si te parece ridículo, ni hablas, ni escribes, ni comentas nada de él. Y punto, pelota. No te dedicas a despotricar de los que aman el deporte y lo practican. Pero, amigo, cuando tú lo que haces (y ese fue un deporte de moda en España durante muchos años, muchos) es porque utilizas tu desprecio al deporte como algo ‘snob’, como una manera de distanciarte de lo que la masa ama y practica, como una forma de decir “yo no soy de esos, yo soy un ser superior”, entonces, perdona, además de bobo a las cinco, eres un interesado y estas escribiendo para que otros, los que son tan ‘guays’ como tú, te consideren un intelectual superior, alguien que, con el argumento de desperdiciar el ‘opio del pueblo’, asciende a la capa social de los escogidos.

Ese, y no otro, es el problema de los que ahora, sí, sí, como ese ministro nuevo tan ‘guay’, intentan decir que no quisieron decir (ni escribir) aquello, pero lo cierto es que no solo lo escribieron a conciencia, queriendo, queriendo fardar de ello, sino que utilizó a otros intelectuales como, por ejemplo, Umberto Eco (“odio a los deportistas”), para añadir por su parte “yo, el deporte, ¡qué manera de sobrevalorar lo físico! Ozu”.

Yo añadiría, que manera de hacer el tonto, señor ministro, solo por querer ser uno más de los seres superiores que se distancia del deporte, cuando es mucho más sano que todos ustedes.

Emilio Pérez de Rozas
Autor
Emilio Pérez de Rozas

Periodista. Subdirector de El Periódico de Catalunya. Colaborador de la Cadena COPE

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