Apuestas deportivas, no tan benéficas

11 diciembre, 2018

Desde que se puso de moda el negocio, de todo tipo, de todas las fórmulas y, por supuesto, de la más variopintas y extrañas maneras (especialmente la deportiva: cuantos saques de esquina en el primer cuarto de hora, cuantas tarjetas se enseñaran, quien meterá el último gol, en qué minuto…) no hago más que pensar en dos reflexiones que siempre me han producido, no solo los juegos de azar, sino las apuestas y su publicidad.

(Es evidente que se llaman juegos de azar porque son juegos, apuestas, en los cuales las posibilidades de ganar y/o perder no dependen, exclusivamente, de la habilidad del jugador, sino que interviene también, eso, el azar)

El primer pensamiento que me viene siempre a la cabeza es el comentario de papá a sus innumerables hijos (llegamos a ser nueve) prohibiéndoles, muy en serio, que cruzasen apuestas por lo que fuese, dónde fuese y con quien fuese. La razón no era otra que él siempre nos contaba que en el Frontón Colón, allá debajo de las Ramblas, había visto suicidarse a más de uno y, por supuesto, perder auténticas fortunas, casas, joyas y hasta empresas.

La segunda idea que revolotea mi cerebro es la defensa que, en su día, hicieron muchos de los patrocinados por grandes compañías de tabaco, especialmente, en el mundo de las carreras, de los coches, de la F-1 y del motociclismo, de lucir sus nombres y/o emblemas, logotipos o distintivos varios en la carrocería o carenados de sus coches o motos.

Y es que la publicidad de tabaco jugó, en su momento, un papel muy parecido a las casas de apuestas actuales y, sí, se convirtieron en el primer soporte del deporte del motor como ahora los juegos de azar vinculados a todo pero, especialmente, al deporte, juegan ahora. Es más, dos de los grandiosos equipos de carreras, Ferrari en la F-1 y Ducati en MotoGP, siguen estando patrocinados por Phillip Morris (Marlboro), sin nombres, sin logotipos, sin eslogans pero con su color identificador. Y, además, lo sabe todo el mundo.

Y también me viene a la mente la curiosa manera que el gran, el enorme, el tricampeón del mundo de 500cc (1978, 1979 y 1980), el norteamericano Kenny Roberts, utilizaba, ya cuando fue patrón, dueño, jefe de su escudería, para defender que sus motos fuesen pintadas de una marca de tabaco. ¿Cómo lo justificaba?, pues sencillamente decía que él no empujaba a la gente a consumir el peligroso tabaco, no. “Yo, solo me dirijo a los que fuman y les digo que, ya que fuman, fumen mi tabaco”.

Emilio Pérez de Rozas
Autor
Emilio Pérez de Rozas

Periodista. Subdirector de El Periódico de Catalunya. Colaborador de la Cadena COPE

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