Apropiación indebida ¿a quién pertenece la cultura?

25 junio, 2019

Si aceptamos que vivimos en un mundo globalizado, debemos entender que vivimos en una sociedad interconectada. La globalización va más allá de un sistema económico único. Impacta e interfiere en nuestra manera de comportarnos, de consumir y, por supuesto, en nuestra cultura.

Muchos autores vienen debatiendo sobre la americanización o McDonalización de la cultura dando por hecho que se ha impuesto el modelo occidental. Desde el cine, a la música, la moda o el inglés como vehículo de comunicación en detrimento de las particularidades locales.

Recuerdo cuando Marc Jacobs puso de moda unas gigantes bolsas de plástico para hacer la compra que costaban miles de dólares pero eran el “must have” de las influencers y celebrities que probablemente simulaban llenar las bolsas más trendy de hortalizas y verduras. Ese mismo año vi las mismas bolsas, o mejor dicho, las bolsas originales, en las estaciones de tren de las grandes poblaciones chinas en manos de gente de las zonas rurales que llegaban a la gran ciudad con todas sus pertenencias dentro.

Más recientemente la polémica se ha centrado en la supuesta apropiación cultural de los estampados de los trajes tradicionales de algunos pueblos indígenas mexicanos en la colección de Carolina Herrera: ¿inspiración o copia?, se preguntan algunos.

Obviamente la discusión se queda en la superficialidad por pretender argumentar que los símbolos culturales de una determinada sociedad les pertenece con sus derechos de autor incluidos. O si subir a la pasarela vestidos inspirados en los elementos culturales de los trajes mexicanos es una apropiación de toda una cultura.

Si por cultura entendemos todo aquel conocimiento, tradiciones y costumbres trasmitidos de generación en generación, deberíamos suponer que el sincretismo y la reelaboración cultural –incluida la moda- han existido desde el principio de los tiempos. Pensar que la globalización sólo afecta a la economía y al consumo es simplificarlo mucho. Afecta también a nuestra propia identidad. Ya no hay una absoluta correspondencia entre territorio, política, cultura y economía. Nuestras formas de vida se van homogeneizando como consecuencia de la publicidad, los flujos de comunicación, la rapidez y la inmediatez que facilitan las TIC. Los símbolos culturales antes desconocidos y “descubiertos “ en las grandes y heroicas expediciones, ahora están a golpe de click.

Lo que la globalización ha traído, y está siendo visto por algunos como una amenaza para los pueblos más empobrecidos del planeta, es una gigantesca sociedad híbrida donde los símbolos culturales se comparten y se deslocalizan, se les saca de su contexto y de su territorio, incluso de su significado. Puedes recorrer la ruta graffitera de la Comuna 13 de Medellín en Colombia y reconocer un estilo que va más allá de la creación artística local o individual. O sucede que una canción Michael Jackson de hace 25 años sea igualmente reconocible en una favela de Rio hoy mismo.

Gracias a las grandes empresas multinacionales, la publicidad y el marketing, los símbolos culturales se trasmiten de manera inmediata por todos los rincones del mundo ¿a alguien le sigue sorprendiendo encontrar en cualquier pueblo del continente africano a niños vistiendo la camiseta de su equipo de fútbol favorito?

La cultura occidental no deja de ser una amalgama de influencias de las diferentes culturas que ya no se excluyen las unas a las otras, sino que se entrelazan, se mezclan y se seleccionan símbolos creando el fenómeno de la hibridación cultural entre lo universal y lo local. Muchos de estos símbolos culturales que nos llegan, como la nueva colección de CH inspirada en un grupo indígena mexicano, se separan de su ámbito territorial, se despojan de su contexto cultural e histórico y se relocalizan en una pasarela de alta costura. ¿Se debe acusar a la modista de apropiarse de un símbolo cultural ajeno? ¿o estamos ante la consecuencia de la globalización?

Considero que más bien somos víctimas y consumidores de este mecanismo de desterritorialización cultural como resultado de la propia dinámica económica. El capitalismo necesita seguir creciendo, y para ello sigue explorando nuevos mercados y nuevas formas de consumo creando culturas líquidas y efímeras. Basta con observar las tendencias de moda cuando, incapaces de crear nada nuevo, regresan al pasado para inspirarse o copiar símbolos culturales ajenos cuyo único mérito es vender a precios estratosféricos lo que hace único y particular a una sociedad determinada (obviamente no soy una experta en moda). Y es extrapolable a los elementos étnicos (restaurantes indios), religiosos (ya lo hizo la polémica Madonna en los años 90) o ideológicos (la famosa gorra el Che), porque todo elemento cultural se ha convertido en un producto al alcance de todos.

Pedir permiso a los pueblos originarios de esta apropiación es como pedir permiso para hablar de cualquier tema que no sea propio de nuestra cultura como comer tacos fuera de México. Porque la cultura se transmite entre los pueblos, nadie es dueño de ella, más bien habría que entender que cada sociedad pertenece a una cultura determinada. Hablar de asimetrías o de robar la cosmovisión de los pueblos indígenas es buscar culpables de las desigualdades sociales en el lugar equivocado.

Laura Sargantana
Autor
Laura Sargantana

Coach Certificada ACC ICF (Associate Certified Coach International Coach Federation): Profesional, Equipos y Liderazgo Sistémico. NLP Practitioner Coach (Programación Neuro Lingüística por la AUNLP)

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