5 julio, 2018

No me ha cogido por sorpresa. Más aún, desde el ascenso de Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno venía buscando su nombre en el listado de nuevos cargos en cada reunión del Consejo de Ministros.

Su nombramiento para el cargo como Directora de la AECID es un acierto merecidísimo.

Conozco a Aina Clavo desde muchos años atrás. En mi opinión era la persona indicada para liderar el partido socialista en Baleares. Una enfermedad ya superada truncó su trayectoria. Recuerdo la agria polémica que generó su proyecto urbanístico de Palma durante los años en que ocupó la Alcaldía. Poco tiempo después, el trazado de los ejes cívicos ha sido aceptado por los palmesanos como parte del paisaje de nuestra ciudad. Cuando abandonó la política me habló de su ilusión por regresar a su plaza de profesora universitaria en el Departamento de Picología.

Leo en las crónicas que la propuesta proviene del Ministro Josep Borrell y del Secretario de Estado Juan Pablo de la Iglesia. No podrían haber encontrado un perfil más atinado para el cargo de Directora de la AECID. La cooperación por los países en desarrollo ha adquirido un especial protagonismo.

La migración es el principal problema con que se enfrenta Europa. El salvamento de quiénes en patera cruzan el Mediterráneo no es una solución sólida y a largo plazo. Como casi siempre, nos enfrentamos a un problema de diálogo Norte-Sur. Los países europeos desarrollados deberemos destinar una parte de nuestro producto interior en programas para combatir la pobreza en África. Sólo así disuadiremos a quienes prefieren arriesgar su vida antes de perderla por las guerras, el hambre y la sed que sufren los países subsaharianos.

Por otra parte, nuestro compromiso debe alcanzar asimismo a las zonas de pobreza de Iberoamérica. Tenemos en esa zona no solo intereses económicos sino también un compromiso histórico. Permítanme una primera sugerencia. Para poder mantener las pensiones durante los próximos 50 años, precisamos duplicar la población laboralmente activa. De lo contrario, la Seguridad Social tal y como la tenemos hoy concebida desaparecerá. El aumento de natalidad no parece que sea una solución que arraigue en las parejas jóvenes. La alternativa pasaría por otorgar la nacionalidad también a los hispanoamericanos que acrediten ser nietos de españoles. Como ha sucedido con los hijos, la adaptación y el arraigo de quienes tienen algún antepasado español es casi inmediata.

La tarea de mi amiga Aina Calvo es ardua pero estoy seguro que su paso por el AECID dejará una huella imborrable.

José María Lafuente
Autor
José María Lafuente

Abogado y catedrático de la Universidad de Girona

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